Mike se despertó a las seis y media de la mañana. Oía ruídos extraños provenientes de la azotea de su casa de Los Ángeles, en California. Subió pensando que se trataba de ladrones, pero al llegar arriba se llevó toda una sorpresa.

Nunca hubiera imaginado lo que había en la terraza: ni más ni menos que un cachorro de león marino que, de alguna manera -no se sabe cómo llegó hasta allí.
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El ejemplar se convirtió en la atracción de la familia, como no podía ser menos. Mike lo grabó durante un buen rato y después avisó a un centro de protección de animales.
El pequeño aventurero fue llevado al Pacific Marine Mammal Center de Laguna Beach para realizarle un control médico y devolverle a su verdadero hogar: el océano.


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